Campilobacteriosis

8 Conclusiones

La campilobacteriosis es una carga cada vez mayor en los Estados Unidos, así como en otras partes desarrolladas y en desarrollo del mundo. Aproximadamente, el 90% de las infecciones se deben a la contaminación de C. jejuni y C. coli en productos alimenticios. Investigadores y organizaciones de vigilancia de la salud han intentado prevenir la contaminación en la cadena alimentaria implantando tratamiento antibiótico en animales (Barton, 2014; Wieczorek y Osek, 2013). Sin embargo, los estudios han confirmado que el uso de antimicrobianos en el animal aumenta la probabilidad de Campylobacter resistente a los medicamentos (Abley et al., 2012; Luangtongkum et al., 2009). En los últimos años, la resistencia a los medicamentos en las bacterias se ha convertido en un problema de salud pública cada vez mayor. Sin embargo, es cuidadosamente monitoreado y controlado. Aunque la infección por Campylobacter es generalmente menor y no requiere tratamiento, la infección a largo plazo puede ocurrir en jóvenes, ancianos o personas con disminución de la función del sistema inmunitario (Blaser y Engberg, 2008).

El macrólido y la fluoroquinolona (FQ) son los dos antibióticos comunes para el tratamiento de la campilobacteriosis. La resistencia a los macrólidos en Campylobacter está relacionada con la modificación genética y la bomba de eflujo (Luangtongkum et al., 2009). Se ha informado que la metilación del ARNr 23S es responsable de la resistencia antimicrobiana de los macrólidos en C. rectus (Roe et al., 1995). En C. jejuni y C. coli, se requirieron mutaciones puntuales del dominio V en el ARNr 23S frente al macrólido (Vacher et al., 2005). La resistencia a FQ ha sido el tipo de resistencia a medicamentos más común detectado en Campylobacter spp. (Luangtongkum et al., 2009; Wieczorek y Osek, 2013). En Estados Unidos y Canadá, casi el 50% de las cepas de Campylobacter aisladas de pacientes son resistentes a ciprofloxacino (Gupta et al., 2004). Se hicieron observaciones similares en Europa, Asia y África (Luangtongkum et al., 2009). Las mutaciones puntuales en el gen gyrA son responsables de la resistencia a Campylobacter FQ. Aunque la acumulación de mutaciones puntuales en la región que determina la resistencia a las quinolonas (QRDR) aumenta la resistencia, una sola mutación en el gen gyrA es suficiente para reducir la susceptibilidad a la FQ (Luo et al., 2003). La bomba de eflujo y el CmeABC también desempeñan un papel importante en la resistencia a los antimicrobianos en Campylobacter spp. (Yan et al., 2006). Se ha sugerido que el CmeABC es un modificador eficaz para la resistencia al FQ o a los macrólidos (Wieczorek y Osek, 2013). Funciona sinérgicamente con mutaciones puntuales para elevar el nivel de resistencia(Luo et al., 2003; Wieczorek y Osek, 2013). En el año 2000, los antibióticos se introdujeron por primera vez en el ganado para prevenir la contaminación por Campylobacter en la cadena alimentaria en los Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, con el aumento de los casos de resistencia a los antibióticos Campylobacter en humanos, la FDA prohibió el uso de antimicrobianos FQ en productos avícolas en 2005 (http://www.fda.gov/AnimalVeterinary/SafetyHealth/RecallsWithdrawals/ucm042004.htm). En 2014, la Casa Blanca también anunció la estrategia nacional para combatir las bacterias farmacorresistentes (http://www.fda.gov/AnimalVeterinary/SafetyHealth/AntimicrobialResistance/). Recientemente, el nuevo desarrollo antimicrobiano está dirigido a la bomba de eflujo CmeABC (Guo et al., 2010).

Otra solución para prevenir la infección por Campylobacter es el desarrollo de vacunas. Como el 90% de la infección es causada por C. jejuni, los investigadores han estado diseñando estrategias de vacunación contra ella (Riddle y Guerry, 2016). Sin embargo, actualmente no hay una vacuna aprobada disponible en el mercado para prevenir la campilobacteriosis. El desafío para el desarrollo de vacunas se debe a la presencia de una enorme diversidad antigénica dentro de C. jejuni (Tribble et al., 2010). Si la vacuna se dirige al lipooligosacárido externo, puede dar lugar a una respuesta autoinmune durante la infección, ya que su estructura imita los gangliósidos humanos (Albert, 2014). El polisacárido en cápsulas (CPS) es el otro objetivo para el desarrollo de la vacuna contra C. jejuni, que es similar a LOS, pero no puede activar el sistema autoinmune (Monteiro et al., 2009). Hasta el momento, solo las vacunas dirigidas a los SPC han entrado en el ensayo clínico de fase I (http://www.foodsafetynews.com), y una vacuna dirigida a la proteína PEB1 ha pasado a un ensayo preclínico para la vigilancia de la salud humana (Estado de la Investigación y el Desarrollo de Vacunas para Campylobacter Preparado para el PD-VAC de la OMS). También se ha considerado la posibilidad de vacunar al ganado para reducir la posibilidad de infección durante el proceso alimentario. Más recientemente, las proteínas de colonización expuestas a la superficie, como CadF, FlaA y CmeC, se utilizaron como objetivos de vacunación para la vacunación de aves de corral (Neal-Mckinney et al., 2014). El objetivo de la vacunación del ganado es proporcionar seguridad alimentaria y reducir aún más la campilobacteriosis.

En general, la infección por Campylobacter se distribuye a nivel mundial y los casos confirmados han aumentado drásticamente en todo el mundo. Esta bacteria existe comúnmente en animales de alimentación, ambientes y mascotas domésticas, y está asociada con un brote de alimentos contaminados (especialmente productos de aves de corral) y agua. Aunque más del 90% de la infección es causada por C. jejui y C. coli, varias especies emergentes de Campylobacter también se han identificado como responsables de infecciones (Kaakoush et al., 2015; Man, 2011). La infección suele ser autolimitada; sin embargo, puede ocurrir una enfermedad recurrente y persistente. Además, Campylobacter también se ha asociado con el síndrome de Guillain–Barré, una de las principales causas de parálisis flácida aguda. El conocimiento de Campylobacter ha aumentado en los últimos años, y se desarrollaron varias estrategias para reducir la infección. Sin embargo, aún quedan preguntas sin resolver, como las formas de VBNC, las características de los serotipos de bacterias y la resistencia a los antibióticos (Epps et al., 2013). Además, la tasa de campilobacteriosis sigue siendo alta a nivel internacional. Por lo tanto, el objetivo de futuros estudios es revelar los detalles de los mecanismos de infección y el desarrollo de métodos de diagnóstico rápido para su detección, así como el desarrollo de una vacuna para la salud y la seguridad públicas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

More: